Texto que leí, en homenaje a Cortázar, en la 30° Feria Internacional del Libro de Bs. As. Stand del Instituto de Cultura Bonaerense, el siete de mayo de 2004. Las bastardillas remiten a textos de él:
Nació en Bruselas, aunque los hormigueros de los fondos de Banfield le quedaron marcados a fuego. De la mano de su madre recibió los primeros libros. Alli descubrió su capacidad para salirse de las coordenadas tiránicas del tiempo y de los espacios habituales, para perderse, hundirse totalmente en la lectura.
Le tomaron la casa y tuvo que marcharse, quedando partido al medio, del lado de acá y del lado de allá, sin saber cuál de los dos era el otro cielo. Se despojó de los esquemas literarios por las calles de París, buscando su mandala, la fusión de los opuestos, el centro, el fin de la ubicuidad.
No tuvo hijos, quizá porque se parecía un poco al Rocamadour de Rayuela, y otro poco a ese Oliveira descreído de todo.
Con el tiempo entendió que no podía vivir sin el amor de sus congéneres. Despertó como el Andrés del libro de Manuel, escuchó el imperativo de Friz Lang en sus sueños. Entonces, comprometido, no se sacudió la etiqueta de intelectual latinoamericano, más bien se valió de ella.
En los albores de su vejez combatió sus propios prejuicios y se casó con Carol.
Dicen que murió de leucemia, yo creo que fue de tristeza, al comprobar, en su regreso, que aquí. en su patria tampoco estaba el Kibutz que tanto había buscado.
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